Empoderando mujeres a través del ahorro

En México la tasa de participación femenina en el empleo es de 43.4%, 1 de cada 5 hogares están sostenidos por una mujer. En muchos casos el ingreso obtenido por la madre de familia NO es complementario, es parte fundamental de presupuesto familiar y  ellas son un pilar indispensable en las familias en todos los aspectos.

En nuestro país, históricamente, las mujeres han sido las principales víctimas de Violencia Económica, incluso, entrado ya el siglo XXI, y es a través  de una buena estrategia de ahorro que se puede comenzar a combatir a este enemigo silencioso que no distingue edad, condición social o económica y es mucho más común de lo que podríamos pensar.

Antes que nada es importante conocer qué significa “Violencia Económica”: 

“La violencia económica es una forma de control, manipulación y machismo  que se puede producir en la relación de pareja y que se muestra a través de la falta de libertad que el agresor ofrece a la víctima en la realización de gastos esenciales para cubrir sus necesidades. La víctima debe dar justificación constante de aquello que ha hecho, de dónde ha gastado el dinero, no dispone del presupuesto con la libertad que merece. Es un modo de instrumentalizar el dinero en el que el agresor busca su propio beneficio a costa del propio bienestar de la víctima”

La violencia económica puede darse de diferentes formas, pero las más comunes son 2:

  1. El hombre es el principal proveedor por lo tanto supervisa y controla todos los gastos. Constantemente amenazan a la mujer con dejarla en la calle o quitarle la custodia de los hijos.
  2. Cuando la mujer aporta al gasto familiar y el hombre, con astucia, se encarga de manipularla para entregar su sueldo y él es quien gestiona el dinero. Desde este punto de vista, la economía se convierte en una forma de violencia por el sufrimiento que produce depender constantemente de alguien que convierte el dinero en un instrumento de control.

A continuación les comparto algunos signos de alerta para identificar si se está siendo víctima de violencia económica:

  1. Se menosprecia y demerita el trabajo del hogar
  2. No le permite proyectarse a nivel profesional, incluso le prohíbe trabajar o estudiar
  3. Constantemente están pidiendo explicaciones detalladas de cómo, en qué y cuándo se gasta el dinero.
  4. No le permite participar en las decisiones económicas del hogar

Según datos de la ENDIREH, Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, del INEGI,  el 29% de las mujeres ha sufrido violencia económica o patrimonial, lo cual representa 13.48 millones de mujeres en esta situación.

Todas conocemos a una gran mujer que está casada con un hombre que la agrede de diversas formas y ella no puede tomar la decisión de dejarlo porque no sabe cómo podría darle a sus hijos y a ellas mismas la calidad de vida que han tenido hasta ahora, cuántas mujeres pelean constantemente con la ex pareja por una pensión, cuántas más están cansadas de soportar situaciones y limitaciones profesionales porque su pareja se siente amenazado por su éxito profesional. ¿Por Qué estamos tan acostumbradas a la idea de no poder tenerlo todo?

Ahora, ¿qué cambiaría si esa mujer en esa situación de violencia tuviera un recurso económico que le permitiera emprender un negocio, comprar una vivienda, tener la tranquilidad que si ella llega a faltar sus hijos estarán protegidos y tendrán medios para seguir con sus vidas? Tendría el poder de decidir estar en un lugar más feliz y cómo logramos esto: a través de la cultura del ahorro.

Evidentemente, no todo es malo, hay muchísimas familias donde ambos, hombre y mujer, están apoyados y tienen la libertad de tomar el empleo que cada uno desee, se sienten reconocidos y valorados. En esta situación, el ahorro es también muy necesario para ambos y en el caso específico de las mujeres es un elemento que empodera. Tener la libertad de disponer de un recurso propio e individual, sin tener que justificarlo ante nadie para tener una vejez digna, hacer el viaje de sus sueños o invertir en las metas que muchas veces se sacrifican por las obligaciones del día a día.

Es momento de comenzar a valorar la labor que hacen las mujeres en el hogar y que se designe una cantidad del presupuesto familiar a manera de “salario” para que las administradoras del hogar (ya sea que tengan un empleo formal o no) tengan recursos propios para lograr sus sueños y el ahorro sistematizado SIEMPRE es la respuesta.

Gabriela Barraza Dijar

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Gabriela Barraza Dijar, 37 años, madre de una niña de 3, esposa, graduada de Ingeniería en Electrónica y Comunicaciones por el Tec de Monterrey, diplomado en Administración Financiera, Business Management, Asesor Profesional de Seguros, miembro de la MDRT (Million Dollar Round Table, Asociación mundial que invita al 3% de los agentes de seguros para ser miembros), especialista en planes de ahorro, Fundadora de B&R Patrimonial.